Perfección

Siempre se desea hacer una obra perfecta y para ejecutarla se invierten muchas horas entrenando, estudiando o ambas cosas. Al llegar el momento de la verdad, surgen imprevistos que pueden pasar inadvertidos o llevar a un total fracaso el trabajo.
Realizar todo a la perfección es el principal objetivo de las mayorías, son pocos a los que les da lo mismo que salga como salga su obra. Así sucede con los cocineros, choferes, cantantes, pintores, ingenieros, limpiadores o artesanos entre muchos oficios. Hasta los delincuentes creen que sus planes son perfectos. Independientemente de la calidad están los detractores e investigadores, estos con sus intervenciones derriban castillos de bloques  y de arenas.
Técnicamente, para lograr los mejores resultados existen tres fases: planificación, ejecución y control, que deben coincidir al final. Estas etapas son imprescindibles para acercarse a lo bien realizado. Las tres requieren un máximo de atención. No obstante el detalle entra a jugar su papel y aparecen los derrumbes de puentes y presas, fracasan obras teatrales o queda salado el mejor manjar por citar algunas.
El éxito no necesariamente envuelve a una obra o acción perfecta. Las imperfecciones en ocasiones son las que adquieren la fama, como la Torre de Pisa, una voz ronca, un estilo contagioso o colorear al descuido. Otro aspecto que valora lo perfecto es el gusto y es un coloso grande de derribar, para el gusto los colores.
Los casos más incómodos acontecen cuando los ejecutores creen que sus acciones son inmaculadas y quizás podamos comprobar que es cierto, pero observamos que el imperfecto es el autor del trabajo.

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