La cabeza sobre la Almohada.

Cuando alguien nos dice que pongamos la cabeza en la almohada, es evidente que nos piden que reflexionemos. Desean que tomemos una mejor decisión o hagamos un cambio de propuesta. Nunca recibiremos esa recomendación si la réplica es positiva al interlocutor. Por lo general esa nueva contestación no es necesariamente buena para nosotros. La vida es así, cada cual busca su conveniencia. Eso nos sucede a todos sin excepción, pero si ponemos nuestra cabeza sobre una almohada incorrecta, es posible que el fallo que demos al día siguiente no sea bueno.
Comentando sobre esta útil cabecera, ellas se concibieron para que la columna vertebral quedara recta cuando optáramos la posición horizontal al dormir o simplemente para descansar. En algunos países como China y Japón, las construyen de madera y hasta de metal. En otros hacen una bolsa y las rellenan con pajas, trapos o fibras de diferentes materiales. Se han encontrado algunos prototipos de maderas que usaban los antiguos. Lo más transcendental es que cumplan su función. Para mí, que he usado toda mi vida una almohada a las que se le hacen pelotas, me han encantado las que se fabrican en la actualidad por estos lares, son blandas y no se deforman.
Cada persona se adapta a una almohada. También dependen de la forma de dormir y de las dimensiones de las personas. No entiendo a los ortopédicos que mandan a dormir sin ellas, pero ellos saben. Cómo son las cosas, un implemento tan poco representativo como una almohada, que de niños lo usábamos para jugar a almohadazos con nuestros hermanos, nos garantiza un buen descanso y nos libra de las deformaciones de la columna. Nada, que en este mundo todo juega su papel.

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