PLay a la Normalidad

Cada vez que entro en las redes sociales encuentro titulares verdaderamente asombrosos: que entraremos en recesión, que han encontrado vestigios de la existencia de vida en otro planeta, que estamos al borde de una guerra mundial, que no vamos a tener suficiente agua para la vida en los próximos años, que inundaciones por intensas lluvias devastaron tal región o que un grupo armado masacró a varias personas, y así, otros eventos desastrosos. Me pregunto si esos vaticinios son para que las personas hagan algo para evitarlo o para resaltar que son inevitables. Pienso que también debíamos hacer enfoque en destacar el regreso a la normalidad después de la pavorosa pandemia que hemos sufrido, aún con riesgos en varias regiones.
El receso de actividades por prácticamente dos años en casi todas las esferas de la vida, provocada por la pandemia del COVID-19, ocasionó más estragos de los que pensamos. En primer lugar, esfumó el impecable avance en la implementación de innumerables logros que estaban ocasionando que el mundo se convirtiera en un lugar hermoso, donde existían buenas relaciones comerciales entre la mayoría de los países, un aumento del turismo internacional, viajes a todas las regiones del planeta y celebraciones de múltiples actividades nacionales e internacionales. También provocó la paralización de la introducción de nuevas técnicas de comunicaciones rápidas y seguras como la 5G, y además afectó en varios países la planificación e implementación de sistemas para digitalizar muchas gestiones cotidianas que bajarían el índice de trámites burocráticos. Muchas personas quedaron sin trabajo, el transporte de todo tipo se vio afectado por las serias regulaciones de movimiento y las casas de millones de habitantes se vieron como clausuradas. Si lo pensamos bien, éramos casi felices antes de este evento epidemiológico.
El enfrentamiento a la pandemia demostró lo insuficiente que estábamos preparados para enfrentar catástrofes de esas que algunos vaticinan, al no contar con sistemas de salud fuertes, así como los sistemas necrológicos. Muchos han hecho leña del árbol caído, pero debe constituir una enseñanza todo lo vivido, y al igual que se preparan los países para una guerra hipotética comprando miles y miles de armas, se debe trabajar por mejorar los sistemas de salud, que por cierto, ya sabíamos que eran endebles aún en las etapas normales y muchos tienen que esperar para ser atendidos u operados por largo tiempo. Aunque comprobamos que se puede trabajar y estudiar desde casa, las relaciones sociales tienen una gran importancia tanto para los adultos como para los niños.
Otra esfera afectada fue la consciencia; es como si los habitantes de hace dos años no fueran los mismos que los actuales. Se mantienen las clases sociales, pero con diferentes comportamientos: los pobres son más pobres, muchos no han podido recuperar sus trabajos, no cuentan con su sustento básico y hacen colas para que les den comida sin protestar; los pudientes han ganado mucho y desean continuar ganando, sin contemplaciones; ellos pueden bajar la inflación si quisieran. Por otra parte, la política ha tomado las riendas de la economía mundial y si antes existían uno o dos países a los que les controlaban su comercio, ahora es una guerra campal; el que se sale de la línea que marcan algunos Estados poderosos son sancionados, no importan las consecuencias.
Es momento de retomar nuestra positividad, pues se observan retoños de esperanzas y muchos han comenzado a pasear, ir a las playas, divertirse libremente, visitar a sus familias y se ven resurgir algunos eventos. Espero que inventemos pronto la vacuna de la cordura para que podamos considerar que esta etapa catastrófica que se cobró la vida de tantas personas y ha bajado hasta los años de expectativa de vida, sea como una pausa en la humanidad y podamos volver a darle PLAY a nuestras vidas, logrando encaminarnos para continuar todo lo hermoso que teníamos hasta finales del 2019.

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