Virtudes y Defectos

Las virtudes reúnen las cosas buenas y los defectos reúnen las cosas inadecuadas. Sin embargo, en esta vida, nada ni nadie posee todas las cosas adecuadas, ni las desagradables juntas. Todos ostentamos una mezcla como los colores del arcoíris y es lo maravilloso de este mundo.
Las virtudes son la recopilación de características y dones que hacen a las personas de buen agrado; son de índoles sentimentales; son de índole virtual cuando designan a algunas cosas sublimes como un virtuoso de la música; se demuestran con el constante accionar y conductual como ser bondadosos, inteligentes, buenos hijos, buenos padres o agradecidos. También están presentes en el accionar como ser buen trabajador o ser un experto en cualquier rama. Por lo general se adquieren por la educación de los padres, de la sociedad o centros de enseñanzas. Pueden permanecer en las personas toda su vida, aunque algunos las pierden en ocasiones.
Los defectos son las aptitudes y actitudes desagradables, se demuestran con las acciones y conductas negativas. A veces son imperceptibles y todos los poseemos, lo demostramos en el quehacer diario y ni nos percatamos como cuando le gritamos a alguien, se hace un gesto inadecuado, tomar algo que no nos corresponde, ser infiel o ser grosero. Otros lo toman como un estado común de vida como los avaros, los haraganes, los ladrones, los prestamistas, los asesinos, los abusadores o los obsesivos y lo peor, es que quienes lo practican se sienten fuertes y poderosos, se divierten realizando esas terribles acciones. Por otra parte, están los malos padres e hijos, los chapuceros o los incumplidores que pensamos que son defectos pequeños, pero causan grandes daños.
Increíblemente todos poseemos más defectos que virtudes, si sumamos nuestros fallos. Lo bueno es que las acciones virtuosas son tan poderosas que sobresalen y opacan a las malas. Un buen artista en cualquier área del arte, un maestro, un filantrópico, una madre, un amigo o un policía, por ejemplo, son símbolos de las virtudes. Por eso, cuando rebuscamos en su interior y encontramos sus defectos, nos impacta.
Muchos oficios son para castigar a quienes toman los defectos como forma de vida y así tenemos todo el sistema judicial con sus abogados, policías y cárceles. La prensa vive de los dos bandos anuncia a los virtuosos y gana bastante público al descubrir a los incorrectos o las acciones equivocadas por leves que sean. Pero también están los prestamistas, los vendedores de drogas o las mafias que, aunque son ilegales lo toman como medio de ganarse la vida. Y por último los vecinos que se entretienen con los acontecimientos del barrio, no necesitan ir al teatro.
A medida que tenemos más edad es que se evalúan más los defectos y las virtudes, propios y ajenos. Los jóvenes todo lo ven como un reto. Los más trágicos son los defectos que provocan la muerte de los demás, el resto de los fallos, siempre se pueden enmendar y podemos convertirnos en virtuosos de algo, nunca es tarde para rectificar. Lo mejor es ser amables, ayudar al prójimo, cuidar de nuestra familia y no valorar tanto a los demás.

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