Redescubrir el Mundo

Gracias a los documentalistas y a algunos youtuberos, que están sacando buenos materiales al visitar casi todas las regiones del mundo, hoy podemos apreciar y conocer casi todo de la mayoría de los países, como si se tratara de la segunda parte de los descubridores del planeta.
Al observar que existen tantos pueblos faltos de oportunidades y que los gobiernos aún no son suficientes para resolver las problemáticas de la humanidad, compruebo que estaba equivocada al pensar que sólo las nuevas tecnologías resolverían tales desafíos.
En los últimos tiempos, al sentarme en mi sillón y encender la televisión, no lo hago para escuchar opiniones de analistas, ni videos con anuncios sensacionalistas como hace un tiempo atrás; ahora busco materiales que aborden el modo de vida de los humanos en estos tiempos de globalización y expansión de las tecnologías, para tratar de comprender por qué estamos tan agresivos, con enfrentamientos bélicos entre los pueblos y grupos de diferentes tipos, con golpes de estado, masacres, asesinatos y bloqueos económicos, entre otros, cuando parecía ya que esas catástrofes del pasado no volverían.
He observado que a la altura del siglo XXI muchas personas en este mundo no desean, por así decirlo, incorporarse a las nuevas sociedades; viven aún apartados de la civilización y en tribus. Se reporta que existen en el mundo, distribuidos en todos los continentes, alrededor de 400 millones de personas que no renuncian a sus regímenes de vida y las costumbres de sus ancestros. Sus formas de vivir, su alimentación, así como sus lenguajes, son originarios. No todos los Estados les brindan la atención requerida, pero ellos realizan sus marchas de protesta y les llegan algunas de las nuevas tecnologías, fundamentalmente, en el área de las comunicaciones y la atención médica.
Gran asombro me ha provocado conocer la enorme cantidad de personas que se han percatado que muchos necesitan ayuda económica y psicológica en situaciones de desastres naturales, sequías, enfermedades o enfrentamientos bélicos y han creado Organizaciones No Gubernamentales que recaudan fondos de variadas fuentes para paliar las consecuencias. Se calcula que existen 10 millones de ONGs en el mundo. Muchos se curan o resuelven sus problemas con esas cooperaciones, aunque sea de forma temporal. Los fondos recaudados son destinados a obtener alimentos, medicinas, vacunas, ropas y hasta a financiar estudios y negocios. Es una excelente labor la que realizan, como Médicos sin Fronteras y la Bangladesh Rehabilitation Assistance Committee (BRAC) que ha aportado grandes sumas monetarias para el desarrollo en la región asiática.
Por otra parte, conocí algo insólito: en los últimos tiempos el número de pobres en todo el mundo en vez de disminuir aumenta, o mantiene las cantidades. Se alega que es causado por los dos años del azote de la pandemia, pero es un problema más viejo. Es una situación altamente preocupante y puede extenderse aún más debido a la atmósfera de guerra y de sanciones que ha resurgido, y que no sólo provoca muertos, sino también una fuerte crisis económica que puede ralentizar todos los avances que se estaban logrando.
También estoy sorprendida al notar algo positivo y digno de imitar: el cómo muchos países radicados en diminutas islas en zonas de los océanos Pacífico e Índico han obtenido en los últimos años logros significativos para el bienestar de sus poblaciones. Esas pequeñas porciones de tierra de origen volcánico se han convertido en islas paradisíacas, logrando un turismo de calidad y tan sumamente hermoso que parecen lugares de ficción. Así tenemos la isla Mauricio, Las islas Seychelles, las islas Maldivas o Palau y la isla Reunión, con su volcán activo Saint Denis. Por esas áreas se crearon instalaciones turísticas con sus cabañas dentro de las playas, donde al amanecer puedes sumergirte en el mar desde tu lecho. En este renacer destacan Nueva Zelanda y Singapur con un increíble desarrollo y bienestar de sus poblaciones, y ya no sólo son mencionadas cuando sus deportistas portan sus banderas en las Olimpiadas o sus representantes votan en la ONU.
¡Qué hermoso sería que todos los pueblos de África y Latinoamérica progresaran con la misma intensidad! No se necesitan minerales para lograrlo como se proclamaba anteriormente.
Otro aspecto que me provoca tristeza es descubrir que, en muchos países y lugares del mundo, por la falta de oportunidades y prosperidad de toda índole, innumerables asentamientos del interior, otrora prósperos y deseados por sus habitantes, están siendo abandonados. Y ocurre que, en ocasiones, esos migrantes internos o externos se convierten en las comunidades marginales de los lugares a donde emigran, sin ningún tipo de condiciones urbanísticas, que se han formado en las márgenes de grandes ciudades sólo con la esperanza de pescar una oportunidad.
Antes, vivir en un pueblo pequeño tenía su encanto; puede que pronto pasen al desuso y todos queramos vivir en las grandes urbes.
Los invito a seguir conociendo a través de todas las fuentes posibles, que redescubrir el planeta puede resultarles interesante.

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