Olores

Los olores como todo en esta vida están divididos. Existen efluvios buenos y malos, lo más curioso es que esa categoría la valora cada persona, son pocas las coincidencias de gustos en esta esfera hasta en el ámbito familiar, el homólogo en preferencias de la percepción de nuestras fosas nasales está en los límites externos del hogar. Un aroma agradable para uno es desagradable para otro, e incluso en los alimentos.
Por los antropólogos y los escritos rescatados, conocemos que en la antigüedad los olores nauseabundos abundaban en esa etapa, considerando el concepto de higiene y de las condiciones de vida. Imaginemos un pueblo sin alcantarillas, donde todos los desechos se evacuan en zanjas. Imaginemos a personas que no se bañaban y si lo hacían era con leche o aceites, además creían que si las mujeres lo hacían no procreaban. La literatura recoge mucho sobre esta faceta de la vida.
Los perfumes son como las flores y los colores. La gran variedad de estos productos es tan inmensa como podamos imaginar y siempre existirá alguien afín a una nueva fragancia. Y qué decir de los productos de belleza, aseo personal y del hogar, existe una inmensa gama y ocurre lo mismo, todos tenemos nuestros preferidos.
En este tiempo de estancia por esta tierra me encantan los olores que emanan de las casas por el uso de olorosos productos. Las comidas, las infusiones y las personas son otras fuentes de emanaciones agradables que nuestro olfato agradece. Ese aroma del café recién colado en las mañanas me alegra el día y es uno de mis preferidos.
¿Sabías que del olor depende nuestra Felicidad? Ese es el indicativo principal para que un ente del sexo opuesto se convierta en nuestro gran amor. Decía mi abuelo: lo que no entra por la nariz, no se puede comer.

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