No Somos Iguales

La desigualdad que deseo comentar no tiene nada que ver con las aspiraciones que todos tenemos de poseer igualdad de derechos y deberes en todos los ámbitos de la vida, incluyendo a los animales, las plantas y el medio ambiente. El desarrollo tecnológico ha permitido que conozcamos un poco más de la diversidad y peculiaridades que cada ente de este mundo posee. Desde la antigüedad el hombre comprendió que las personas debían ser identificadas; por eso estableció las firmas y las pinturas de los rostros. Ahora sabemos que existen muchas más características identificativas que las físicas, porque no somos iguales en muchísimos aspectos, y este principio es utilizado cada vez más por la ciencia para tratamientos médicos, asuntos policiales o de identidad.
Cada individuo es único, aunque no lo creamos.  Podemos poseer características similares como el color de pelo, ojos o piel, pero nunca serán totalmente iguales, no importa que seamos hijos de los mismos padres, incluso, siendo personas gemelas difíciles de distinguir de primer impacto.
Las huellas dactilares fueron unas de las primeras tipologías que se conoció que eran únicas en cada persona, y sirvieron en la identificación personal cuando se pudieron imprimir los trazos. Su uso se implementó por primera vez de forma oficial en 1905 por el investigador policial Vucetich en Argentina, aunque como muchos  inventos, otros lo habían trabajado mucho anteriormente; incluso, se plantea que se usó en tiempos remotos como firma. Este modo de imprimir las huellas dactilares ya está casi digitalizado en todo el mundo y ha permitido la solución de muchos casos de crímenes y robos en todo el planeta.
Otros indicadores medibles se han ido incorporando al método de identificación, fundamentalmente en el área policial, como las mediciones corporales, la marca de una mordida, la radiografía dental, el reconocimiento facial, primero en fotos y luego digital. Recientemente se está aplicando el método de reconocimiento personal mediante el iris del ojo y se dan pasos agigantados para usarlo en varios servicios de transporte y de acceso, en general. Todo ello nos demuestra que nuestras existencias son irrepetibles.
En cuanto a nuestras formas de escribir  todos tenemos grafías únicas. Nos sonreímos diferentes, y lo que a unos les provoca risa a otros no; lo que a algunos les gusta a otros no; un medicamento puede curar a algún enfermo y a otros puede hasta matarlo.
Gracias a esas disimilitudes nos podemos unir en pareja. Imaginemos qué sería de los humanos si a todos nos gustara lo mismo. Podemos estar rodeados de miles y miles de personas, sin embargo, sólo una es la seleccionada para formar nuestra pareja, e incluso, para ser nuestros amigos sentimos empatía hacia sólo algunos. Es algo maravilloso de esta vida y muchos no lo interiorizamos. Bueno, ya después la permanencia de esos lazos de amor o amistad depende de otras condiciones, pero ya es harina de otro costal.
Y qué decir de las desigualdades de pensamientos, caracteres, facilidades de palabra, entendimiento sobre un tema; son enormes, y no importa que sean padres e hijos, parejas, vecinos o familias.
Todas las partes del cuerpo y hasta la flora intestinal es disímil en cada uno de nosotros, por eso unos prefieren la leche con café, a otros les agrada sola y algunos no la toleran. Pensaba que la leche era el alimento universal, pero no es así, y así sucede con casi todos los alimentos o medios donde nos desarrollamos. Es importante que reconozcamos las cosas que asimilamos con agrado, lo que podemos consumir en algunas ocasiones y lo que nos cae mal o nos intoxica, como decimos, porque algunos productos nos pueden envenenar o provocarnos un cuadro alérgico peligroso. Bueno, todo eso lo aprendí no hace mucho, aunque nunca es tarde. ¡Hasta podemos ser alérgicos al medio donde vivimos!
Definitivamente somos diferentes, y la importancia de aprender este concepto nos permitirá ser más tolerantes con nuestros hijos, familiares, amigos y hasta conciudadanos. Buscar el punto de armonía es importante, así como el respeto, el saber qué nos hace daño y qué nos da placer para buscarlo y disfrutarlo.
Algunas compañías han desarrollado técnicas de detección de los fundamentales componentes de la flora intestinal de cada persona y cómo los alimentos que consumimos pueden influir en nuestro organismo. Algún día todos podremos conocer lo que nos alimenta de verdad, aportándonos sustancias positivas, y lo que nos produce alteración o enfermedades. Estoy segura de que cuando se incorporen estos avances al sistema de salud de los países las personas tendrán una mejor fortaleza. No somos iguales, pero tenemos los mismos derechos.

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