Libertad

Todos queremos ser libres. Muchos creen que ya lo son y otros tantos claman por la libertad para los demás. Lo interesante es que la libertad, como todo en este mundo, es relativa, por lo que una persona o un Estado puede considerarse independiente o libre; sin embargo, para realizar no pocas acciones deben contar con otras personas u otros Estados.
La humanidad, en los inicios de su creación, era libre; pero en busca de organizar las sociedades y evitar el caos, a medida que estas se iban desarrollando se crearon normas, leyes y regulaciones que fueron atando con hilos sutiles a las comunidades. Surgieron así constituciones, religiones, obreros asalariados con jornadas de trabajo fijas, la propiedad intelectual, las regulaciones comerciales, las ciudadanías, pasaportes y hasta el matrimonio, entre otras muchas ordenaciones que obligan a realizar sólo acciones reglamentadas.
¿Qué hubiese sido de los vikingos, de Colón y de los múltiples navegantes que se lanzaban a la mar en sus naves, si al llegar a esos territorios que ellos creían deshabitados sus originarios les hubieran pedido un pase o un pasaporte para entrar a sus tierras?
Los antiguos tuvieron por un tiempo la libre circulación por el mundo, pero poco a poco por las múltiples conquistas todo se fue convirtiendo en propiedad de alguien, que en ocasiones, se encontraba bien lejos.
Las religiones también juegan un papel importante en la libertad individual. Muchos países han establecido una religión oficial y sus poblaciones deben cumplir las regulaciones que se derivan de esas devociones en cuanto a vestimenta, educación y comportamiento en general, imponiendo estilos de vida acordes a las creencias.
El lenguaje es otra limitante para disfrutar de libertades, aunque no lo creamos. Existen miles y miles de dialectos que nos inhiben de leer obras universales sin estar traducidas, y lo más triste, no podemos conversar con personas que hablen otro idioma, aunque queramos, porque no nos entendemos. Si deseas trabajar, estudiar y vivir en otras regiones debes estudiar el nuevo idioma para lograr tus sueños. En ocasiones, pienso que los conquistadores tuvieron un poco de tino al establecer sus dialectos en las tierras conquistadas; al menos así existen tres o cuatro idiomas con mayor número de parlantes.
Aún no detenemos las formas de regular, aunque se diga que tenemos libertad de elegir múltiples aspectos de la vida. Tenemos así a las famosas visas, que autorizan si somos aptos o no para entrar a un Estado. Otro ejemplo son los partidos políticos, que se crearon inicialmente para agrupar libremente a sus seguidores y se han convertido en una gran lucha para obtener el poder, y al lograr el triunfo imponen sus normas de expresión y de acciones.
También inventamos pagar mucho por un trabajo y poco por otro, así como los costos de los productos. ¿Quién valoró que una fruta dé menos trabajo para obtenerla y llevarla al mercado que producir en una máquina un par de tenis ADIDAS o NIKE? Todo eso limita la libertad para que las mayorías puedan obtener lo que necesitan para alimentarse, vestirse y avituallarse o para adquirir una vivienda.
¡Y qué decir de los que creemos que somos libres de expresarnos porque estamos opinando lo que pensamos! Lamentablemente eso ocurre cuando decimos lo que desean las autoridades o grupos dominantes de donde radicas; prueba lo contrario y verás qué sucede. También ocurre que la juventud se cree libre porque los padres no son como antes, y esa libertad sin medidas los puede llevar a anexarse a grupos peligrosos, consumir drogas o dejar los estudios, entre otros riesgos.
La falta de libertades puede ocurrir también en lo personal y en ocasiones de forma temporal, como en la época de cuidar a los hijos pequeños, cuidar a los padres ancianos u otro familiar enfermo. ¿Quién dice que en el matrimonio tenemos plena libertad? Ninguno en la pareja es libre de hacer lo que desea con su tiempo libre, y si lo hace ya no es matrimonio. El tener un trabajo es a la vez como una cadena de 22 kilates; no podemos faltar, las causas todos las saben. Las enfermedades son otras de las razones que tronchan muchas autonomías; son como morir de sed teniendo tanta agua.
Cada Estado tiene sus libertades bien definidas para sus ciudadanos, de acuerdo con sus leyes e idiosincrasias, lo cual ocasiona que algunos piensen que yendo a otra región se librarán de sus restricciones y tendrán la libertad ansiada; pero puede que sufran una decepción al encontrar millones de regulaciones y costumbres nuevas que no logren asimilar.
Por todo esto, pienso que la mejor libertad no las proporcionamos nosotros mismos con nuestras acciones y comportamientos, aprendiendo a disfrutar de lo que tenemos a nuestro alrededor, ya sea en el lugar de origen o donde se deseen establecer. Pensemos por un instante que las cárceles en todos los países del mundo están abarrotadas de personas, y eso sí es una falta de libertad que nadie desea.

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