Las Culpas

“Échame a mí la culpa de lo que pase”, así pregonaba una canción tradicional de mi tierra.
Las culpas como si fueran de porcelana, un gato o de cristal nunca se dejan caer, unas veces las asumimos y otras las otorgamos. La culpa es un sentimiento complicado que puede causar mucho daño y emergen por lo general cuando se ejecuta una acción o se deja de realizar, considerando que con ello se protegería a alguien y no resulta. Muchas personas viven con sentimientos de culpabilidad toda su vida por causas muchas veces infundadas y no tienen en cuenta que numerosas cosas en este mundo, suceden, aunque no estén involucrados los humanos.
Es curioso, cómo hasta en los triunfos se puede sentir culpa y se hace un deber nombrar a personas o instituciones como contribuyentes al éxito, para no ser tildado de falta de modestia. Por cierto, ese triunfador no expresa que ha pasado muchas horas de desvelo, sufrimientos, estudiando, trabajando y dejando de realizar muchas cosas para lograr ese laurel. Sin embargo, cuando ese mismo vencedor se equivoca nadie lo acompaña en su pena, así es la vida.
Los culpados y los que se sienten culpables, guardan rencor, desavenencias con su entorno y se convierten en personas tristes. Otra modalidad de este fenómeno ocurre en la responsabilidad colectivas como cuando un grupo oficial o de amigos implementan normas o estrategias que no resultan o causan algún incidente y endosan las fallas a los más débiles del conjunto, así todo queda resuelto, este tipo es bastante usado.
La culpabilidad penal es otra acepción de la palabra culpa, pero es otra cosa y son juzgadas por los órganos competentes cuando se ejecuta un hecho morboso sobre las personas y las cosas. En estos casos se indaga todo lo relacionado con el evento negativo para no comprometer a personas indebidamente y aun así muchas personas han sido imputadas y hasta ajusticiadas sin ser el causante del problema o la pérdida.
Algunos otorgan responsabilidad de sus fracasos o falta de perspectivas al lugar donde nacen, al sistema, a las instituciones o hasta los propios padres entre otros muchos orígenes y sin embargo no se autoanalizan para ver que pudieron hacer por él mismo, si fueron capaces de estudiar, prepararse, trabajar, buscar un trabajo, ahorrar, cuidar a sus hijos y a su familia antes de achacar las culpas de sus desatinos a los demás.
Cada lugar tiene su encanto y quienes no hacen un estilo de vida según el medio donde radica o se desarrolle, siempre endosará a otros su desdicha, la llaman culpa geográfica. Existen personas felices sin culpas en el medio de una selva y existen personas infelices y con sentimiento de culpa en medio de una desarrollada urbe. No imaginemos que todo cae de la mata, primero hay que sembrar, abonar y regar.
Lo mejor es que si se analiza el fenómeno de la culpabilidad, el mayor compromiso lo poseen las mismas personas. En ocasiones al no poner freno a las situaciones difíciles por desconocimiento del peligro, no solicitar ayuda profesional o por lo menos intercambiar opiniones sobre las causas con los implicados porque en algunas circunstancias interviene el azar, aunque muchos no crean en él. Puede que cruce la calle un minuto antes del accidente o se baje una parada antes del descarrile del tren.

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