Coterráneo

Los hombres desde su origen percibieron que los animales con quienes compartían habitad en la tierra, poseían características dignas de igualar, como su fuerza, agilidad, sabían protegerse del medio y de sus depredadores por citar algunas. Por lo que se dieron a la tarea de buscar formas de semejarlos. El hombre no tenía garras diseñaron armas para cazar, lo que les permitió apoderarse de pieles y de carnes, para protegerse y alimentarse.
El ansia de los antiguos por poseer las destrezas de las fieras, queda demostrada, al leer las narrativas mitológicas donde se muestran como símbolos del poder a las deidades mitad animales y mitad hombres. Y los semidioses como Hércules debían vencer al fiero león y al bravo toro o Atlas, que sostenía al mundo.
Los humanos también quisieron volar, nadar, sumergirse, brincar o correr como los irracionales, con velocidad y fortaleza. Primero aprovecharon a las propias bestias para desplazarse a mayores distancias. También organizaban competencias, donde se demostraba que los hombres no eran tan débiles como parecían.
Más adelante lograron construir medios para moverse con eficiencia en tierra, aire y agua. Así desfilaron carretas, carruajes, canoas, barcos, trenes, automóviles, aviones y submarinos, cada uno en su época.
En la medicina también recibimos enseñanzas de nuestros vecinos, algunas especies se auto reponen al perder partes de su cuerpo. Surgió la medicina regenerativa al ver como los camaleones recobraban sus rabos y los ajolotes sus patas. En las relaciones familiares y de comunidades, los coterráneos dan buenos ejemplos. Y referentes a buscar parejas, marcar territorio y volar, creo que ya les ganamos.

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