Aprender a Comprender

Es importante comprender a quienes nos rodean. Por lo general, entramos en la fase de entender algunos comportamientos errados después de suceder los eventos, aunque no creo que sea por desconocimiento del asunto. En los libros, las películas o cualquier medio audiovisual, constantemente nos muestran los resultados de comportamientos inadecuados de las personas, que provocan grandes daños a otros, como suicidios o asesinatos. Sin embargo, muchas veces esas actitudes negativas tienen lugar en nuestro entorno y no les damos importancia, por lo que no actuamos en consecuencia.
Sólo después de formar una familia es que asimilamos lo difícil que resulta educar a los hijos o lograr una buena relación de pareja; ninguno viene con un manual de uso. En esa etapa es que comprendemos el porqué nuestros padres algunas veces discutían fuerte, les gritaban a sus hijos y hasta les pegaban. Comprender no es para justificar. A medida que las relaciones sociales se desarrollan se utilizan métodos educativos y de relaciones interpersonales más adecuados. Ya en la mayoría de las sociedades no tenemos hijos sin control, no tenemos que casarnos obligados, podemos tener relaciones sexuales cuando lo decidamos, las parejas no son sólo entre masculino y femenino. Todas esas posibilidades debían contribuir a disminuir la violencia; sin embargo, muchos no comprenden y se comportan ancestralmente.
Cuando enfermamos por no cuidar nuestra salud, al ingerir grandes cantidades de bebidas alcohólicas, drogas, comidas grasosas, elevadas cantidades de sal y azúcar, mucho pan con mantequilla o fumar más de una cajetilla diaria, entre otros vicios, es que entendemos por qué se alerta sobre evitar esos excesos para mantener una buena salud o reducir el riesgo. La invitación a cambiar estilos de vida haciendo ejercicios, disminuyendo el estrés, bajando de peso o el consumo de azúcar y grasas no es propaganda; son lineamientos para que comprendamos que debemos cuidar la salud.
Incorporarnos a estudiar una carrera que no nos agrada, unirnos a un grupo determinado o participar en una aventura cualquiera por embullo son pésimas decisiones que solamente comprendemos como tal después de perder un tiempo de vida, y en ocasiones, muchas más cosas. Lo importante es percibir que nunca será tarde para cambiar un rumbo errado o de profesión. Incluso, muchos han obtenido el triunfo luego de percibir que el camino que habían seleccionado anteriormente no era el adecuado para ellos.
No podemos tratar que los niños y los adolescentes se comporten como no les concierne a su época de vida, porque biológicamente sus capacidades no han madurado; pero sus mentores somos los padres, las escuelas y las instituciones del Estado creadas para instruir y cuidar a la ciudadanía. Es obligación de todos ellos estar alertas; no se deben dejar que los males crezcan y luego se conviertan en un tsunami de problemas. Un llamado de atención, una buena conversación o un internamiento a tiempo pueden salvar a muchas personas.
Nadie realiza acciones malas de súbito; estas se van creando poco a poco bajo ciertas condiciones, ya sea por un comportamiento errado o al relacionarse con grupos peligrosos. Si aprendemos a comprender las conductas de nuestros hijos, los educandos, e incluso, de los subordinados, los podemos salvar en caso de un desvío de cualquier índole. Al realizar las autopsias de las conductas de personas que se suicidan, que mueren por sobredosis, que toman un arma y agreden a otros o se convierten en malhechores de todo tipo, se detectan rápidamente comportamientos que se iban desviando desde hacía mucho tiempo atrás y no fueron percibidos con la responsabilidad requerida por quienes los rodeaban en esos momentos para cambiarles sus rumbos.
Por tales motivos, mi apreciación es que a medida que aprendamos a comprender a tiempo las conductas erradas del prójimo y de nosotros mismos, evitaremos muchos problemas al poder buscar una posible solución a tales problemas.

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